Abr 222012
 

Hay un lugar en la casa en que la relación entre arquitectura, objetos y usuario es especialmente relevante: el baño. Es un espacio pequeño, muchas veces el desperdicio que no se ha usado para otras habitaciones. Al fin y al cabo ha sido el último en entrar a casa, hace no tanto tiempo estaba afuera. A diferencia de otras habitaciones, espacios vacíos mas o menos rectangulares donde el usuario ubica sus pertenencias a su criterio, en el baño los objetos mas relevantes están fijados a las paredes y al piso, y es la persona la que tendrá que adaptarse a su situación. Y por si esto fuera poco, lo hará en las circunstancias en que se encuentra mas vulnerable y al natural: cuando no está desnudo, por lo menos está con los pantalones bajos. Con todo ésto uno esperaría que el arquitecto/diseñador preste una atención especial a su diseño, pero aparentemente eso no sucede en la mayoría de los casos.

Dedicaré muchos mas artículos al baño. En el presente, hablaré de un elemento en particular: las jaboneras. Prácticamente todos los baños tienen jaboneras empotradas. Su función es bastante simple y mas o menos evidente: sostener el jabón que se encuentra en uso, pero también en las duchas o bañeras cumple la función de apoyo o asidero para no caerse. En su función de sostener el jabón la jabonera debe cumplir dos condiciones: que el jabón no se caiga y que el agua se escurra. Es evidente que si el jabón se cae la jabonera no sirve para nada, pero si el jabón queda mojado se ablanda, se empasta, y se consume muy rápidamente.

En el baño mas cercano que tengo (es decir: el de mi casa) hay dos jaboneras: una en la ducha, con su correspondiente soporte para el usuario, y otra junto al lavabo, mas o menos así:

 

Jabonera de ducha, en perspectiva y corte

Como podéis ver en el corte transversal de la primera jabonera, que es la ubicada en la ducha (apreciaréis el mango), tiene una forma de bandeja que inevitablemente se llena de agua. En la mitad derecha tiene esa característica forma ondulada en el fondo, que pretende mantener el jabón elevado unos milímetros, pero como esos canales no conducen a ningún lado, sino que queda todo en el fondo de la bandeja, es totalmente inútil. El jabón se encharca unos segundos después de abrir el grifo de la ducha. Al acabar el baño y cerrar el grifo, como está empotrada y no puede inclinarse para vaciarla, el usuario intenta sacar el agua salpicándola insistentemente hacia afuera con la mano, tarea tediosa y poco satisfactoria porque siempre queda algo de agua, y además le queda la mano enjabonada nuevamente, y se ve obligado a volver a abrir el agua para enjuagarse, cuidando de no salpicar de nuevo la jabonera y vuelta a empezar.

El que haya hecho esta jabonera seguramente conocía el proceso de fabricación y calculó el coste de producción (barato), pero no se preocupó en absoluto de su utilidad, y seguro que no la instaló en su propio baño. Tengo la impresión de que el proceso de diseño fué mas o menos el siguiente:
“Los baños tienen jaboneras” -> “Las jaboneras son cosas tal que así” -> “Toma jabonera”.
Si se tratara de un estudiante de diseño estaría suspendido. Si se tratara de un arquitecto presentándole un proyecto a un contratista serio (y seguramente el proyecto estaría lleno de malos detalles como éste), quizás habría perdido el contrato. Si se trata de un hombre que se está construyendo él mismo su vivienda, tendrá que soportar durante años a su mujer reprochándole la mierda de jabonera que ha instalado.

La cosa no queda ahí. En las escuelas de diseño enseñan que el objetivo es mejorar la vida de la gente y blah blah blah, pero el objetivo primero del que la fabrica (que, o es el que la ha diseñado, o ha contratado a alguien para que lo haga) es vender jaboneras, y es evidente que la ha vendido. Pero luego tenemos al que la ha comprado, que se ha gastado lo menos posible sin reparar en cómo afectaría a los habitantes de la casa durante treinta o cuarenta años, que quizás es el mismo que la colocó y podría haberla puesto un poquito mas alejada de la ducha para mitigar ligeramente los efectos adversos (aunque alejada de la ducha perdería la utilidad de asidero). Resultado: que los usuarios de éste baño dejan el jabón el cualquier sitio, incluso en equilibrio sobre el asidero superior, menos en la jabonera, para evitar que lo que un día es un fragante jabón La Toja o Heno de Pravia, al día siguiente sea una masa viscosa que acaba yéndose por el desagüe.

 

Jabonera del lavabo

Pasamos a la segunda jabonera, junto al lavabo: Ésta consta de un conjunto de funciones abigarradas que no acaba de cumplir, aunque funciona mejor que la anterior. A la derecha tiene una forma cóncava y con ligera pendiente hacia atrás, donde se apoya el jabón de frente y aunque se esté manipulando con torpeza se acomoda de forma instantánea, muy útil, aunque es bastante pequeña y sólo funciona cuando el jabón está muy gastado. A la izquierda la superficie es horizontal con una mínima concavidad circular, que serviría para apoyar un vaso. Está bien, un vaso es útil en el baño, aunque no resulta especialmente cómodo y se corre el riesgo de que se caiga y se rompa. Por lo tanto, ahí acaba reposando el jabón, que cuando es nuevo no entra en el espacio de la derecha. Esta concavidad circular, aunque pequeña, acumula también agua y restos de jabón. Finalmente en el borde delantero hay unos agujeros, en los que supuestamente se colocarían los cepillos de dientes. Y es mucho suponer, porque son bastante angostos y casi no hay cepillos que entren allí. Además, a falta de cualquier otro sitio por donde escurrir, es por allí que caerá el agua que se escurra del jabón, justo en las cerdas de los cepillos. El resultado es que esta jabonera sirve bien para colocar el jabón, no muy bien para el vaso, y muy mal para los cepillos de dientes. Y aunque apenas se estanca, se echa en falta una forma que controle hacia dónde escurre el agua.

Éso en lo que atañe al diseño. Ahora hablemos de su colocación: mas o menos bien hecha para escurrir el agua, debería estar colocada sobre el lavabo, justo encima de donde éste tiene a su vez una forma de jabonera cóncava y con desagüe hacia adentro de la pileta. Así el agua jabonosa escurrida caería sobre el lavabo y correría hacia el desagüe, todo por obra y gracia de la física y sin intervención del usuario. Pero no, aquí ha sido colocada justo fuera de la vertical del lavabo, de forma que el agua jabonosa cae al suelo, obligando a limpiarlo constantemente, y con el peligro que puede suponer un charco jabonoso en el suelo del baño.

En definitiva, es importante el diseño, pero también la forma de usarlo/instalarlo, y en ambos casos no solo tiene que quedar bonito, sobre todo tiene que servir. O como dice Bruno Munari: ¿para qué sirve un grifo de oro si de él sale agua contaminada?

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