Abr 012014
 

Hoy no hablaré de la circulación el bicicleta por Puerto del Rosario, sino de la circulación a pié.

Se está armando mucho revuelo porque el gobierno local planea peatonalizar (casi) otra avenida principal, eliminando aparcamientos y un carril, para ampliar aceras y hacer un carril-bici. No hablaré de esa obra (la cual no rechazo del todo) sino de su oportunidad. ¿Es necesario hacer obras faraónicas, pagando una enorme cantidad de dinero (público) a las empresas (privadas) de siempre, para mejorar la circulación a pié en la ciudad? Pues, NO. Primero es necesario proteger y valorar al peatón, darle la prioridad que merece en lugar de tratarlo como un estorbo a los coches, como un mal necesario.

Ya bastante dañino, absurdo y ridículo es el Reglamento General de Circulación, que solo permite cruzar a los peatones donde haya un paso peatonal (o paso de cebra) ¡y si no lo hay, que se joda! . No se puede culpar al gobierno local de la estupidez de los legisladores nacionales, pero sí de su mala aplicación. Si los peatones sólo pueden cruzar por pasos peatonales, deben pintarse en TODAS las esquinas, y de forma útil al peatón. Para mejorar la circulación peatonal por la ciudad, no hace falta contratar a nadie para hacer grandes obras, tan sólo hacen falta cuatro empleados municipales y mucha pintura blanca. Y luego, vigilar que se cumpla.

Veamos por ejemplo lo que sucede en éste lugar:

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Supongamos que el incauto peatón viene caminando por Secundino Alonso, llega a Duero, tiene que cruzar, pero no puede. Su camino se alargará en 60 metros. Lo mismo si viene por Veintitrés de Mayo:

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Es bueno recordar, aunque parezca una memez, que el peatón está caminando, está usando sus piernas, se está cansando, y casi siempre en estas latitudes, lo hace bajo un sol que cocina, y con cuestas. No va dentro de un habitáculo refrigerado ni la fuerza la hace pulsando suavemente un acelerador con la punta del pié derecho.

Ahora supongamos que el peatón quiere cruzar del cajero a la Escuela de Idiomas, o viceversa:

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Diréis: tiene la opción A y la opción B (que se alarga para llegar al paso de peatones. ¡Pues no! Esos 40 o 50 metros se convierten en 100 ó 130 metros:

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Ahora imaginemos a un señor en la esquina suroeste del cruce entre Secundino Alonso y Miño, y ve a un colega en la esquina noroeste:

-¡Paco!
-¡Ey, Suso, como va!
– ¡No te escucho, cruza p’aquí!
-¡Ahí voooy!

¿Y cruza la calle? ¡No! Tiene que darse esta vueltita de 230 metros:

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Por supuesto, que el Reglamento General de Tráfico español, solidario y eficaz, se lo permite, pero a su cuenta y riesgo. Si lo matan, habrá sido culpa suya. Aunque el auténtico responsable será el Ayuntamiento que no pintó unas rayitas blancas.

¿Mas ejemplos? En casi todas las esquinas de la ciudad. Veamos cómo pasear por León y Castillo, la calle mas importante de la ciudad: Vamos por la acera norte, ¡qué risas! Es como ir jugando al trencito. Venga, seamos serios y subamos por la acera sur… Vaya, si no pintaron las cebras…

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Sigamos unos metros mas, que no será tan malo. ¡Sigue la diversión! Es como las curvas del escalextric. Pero si no queremos dar tantas vueltas, cruzamos la calle y… oh, tampoco hay paso de peatones…

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Un poco mas arriba, estamos en la esquina de la panadería, queremos cruzar al bar de enfrente. ¿Podremos hacer el recorrido de la línea roja? Así no cruzaríamos en diagonal, que es peligroso. Pues no, hay que hacer el recorrido azul:

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¿Toda la ciudad es así? Pues sí. Incluso peor, como aquí:

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Los vehículos tienen buena visibilidad a la izquierda, donde hay una amplia ochava, sin embargo apenas ven si un peatón se acerca por su derecha donde la pared es recta. ¿Se ha limitado la velocidad al vehículo, para que deba cuidar de no atropellar a un peatón que pueda aparecer? NO. El vehículo solo tiene que detenerse para ceder el paso a los otros vehículos que se acerquen por su izquierda. Y al peatón se lo obliga a girar, caminar por un sendero de unos centímetros de ancho que mal puede llamarse acera (¡no es mas ancho que el cartel!), y cruzar por un paso peatonal retrasado. El peatón ni siquiera ve que hay un paso peatonal alejado hasta llegar hasta el borde de la pared. Y si no lo hace así, será responsable si es atropellado. Esto está a cien metros de una escuela.

En toda esta ciudad, no se han puesto pasos de peatones para proteger a los peatones, sino para evitar que estorben al tráfico de vehículos motorizados. Para deslindar a los conductores de la posible responsabilidad en un atropello.

Si el gobierno local quiere potenciar la circulación peatonal, como dice, no tiene que transformar las calles en peatonales, tiene que pensar como peatón. Tendrán que salir y caminar por las calles de la ciudad, cumpliendo con todas las normas a las que obligan a los ciudadanos, para darse cuenta de estos fallos. Peatonalizar determinadas calles no sirve. Deben hacer que la ruta caminando de un punto a otro sea lo mas corta, cómoda y segura posible, y no una aventura de vueltitas y peligros en cada esquina. No es necesario impedir que los coches lleguen a ningún lado. Peatonalizando 1º de Mayo ya han conseguido complicar terriblemente la circulación y de paso hundir el comercio de esa calle. Sencillamente, los coches deben circular mas despacio y dándole siempre la prioridad a los peatones, y no lo contrario como sucede actualmente. Los pasos de cebra tienen que estar en la continuación en línea recta de la acera sobre la calzada, y que sean los automovilistas los que respeten la circulación de las personas a pié.

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