Archivo diciembre, 2008

Centros de Internamiento de Extranjeros: Campos de concentración y vergüenza de España

Leo en este artículo una carta que envía un inmigrante uruguayo que tuvo la desgracia de caer en manos de las fuerzas de seguridad españolas, y que fue encerrado en un campo de concentración (si, como Guantánamo, por ejemplo) por una falta administrativa, que no delito: no tener documento. Este chico relata en su carta cómo, junto a otros miles, fue tratado como un animal y despojado de derechos fundamentales. Entre otras cosas cuenta cómo uno de sus compañeros de desgracia, despojado de su medicación psiquiátrica, intentó suicidarse, ante la mirada impasiva de los carceleros que no solo no intentaron evitarlo teniéndolo a la vista, sino que no ayudaron a salvarlo ni reanimarlo. Sólo el esfuerzo del resto de condenados (y digo «condenados» porque ya lo estaban cuando cayeron ahí, aunque no hubiesen tenido juicio) salvó la vida del muchacho.

Esto pasa en la España del derecho. En la España psocialista . En la España hipócrita en la que el psoe le pide al psoe que cierre el campo de concentracion (que le llaman «centro de internamiento»), y no lo hacen por principios, sino para tapar el escándalo. Y el presidente nos llama ignorantes, y se ve que lo somos porque le creímos cuando decía que él era diferente.

Me recuerda en algunos aspectos al libro Chau Rodríguez, de Ignacio Vanella. Sólo que en ese caso se relata la historia de un hombre que es encerrado por motivos políticos, en el contexto de una de las dictaduras mas sanguinarias e inhumanas que se conocen, no un muchacho que en pleno estado democrático de un gobierno «socialista» y «obrero» (sic.) es encarcelado por no llevar dni.

En el cuerpo de la noticia transcribo la carta.

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Adiós a Ulises Dumont

Tenía unas cuantas cosas acumuladas para escribir hoy, pero acabo de leer la noticia y me ha apenado mucho. Ha muerto uno de los grandes del cine argentino. Seguramente se dirán cosas mucho mas interesantes de lo que pueda comentar yo. Me limitaré a citar, de memoria, aquel final de «No habrá mas penas ni olvido»: «-¿y? ¿ganamos? – Si, ganamos. -¡Qué cagada, morirse justo ahora…!» .

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